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lunes, 1 de septiembre de 2014

Like a Rolling Stone




Agosto llegando a su ocaso y culebrones de verano como redundante escenario, jugadores que llegan y se van, después de llevar todo el verano copando las portadas de los rotativos amarillistas deportivos. Este año ha sido el culebrón Di María. La margarita dijo no y se fue entre pulgares hacia arriba y pulgares hacia abajo, mientras, ajeno al estereotipo de futbolista, Xabi Alonso ha vuelto a demostrar que poco o nada tiene que ver con todo lo que rodea al fútbol.

Este donostiarra de linaje, en su infancia, sentado sobre un Tango Rosario con las costuras descosidas, miraba al horizonte del pájaro azul en La Concha, soñando que, algún día, su cabellera cobriza se cubriría de barro en los inviernos de Atocha, campo ochentero por antonomasia. Y así fue. Con sólo 18 primaveras Xabi debutó en la Real Sociedad de San Sebastián, ciudad en la que la gente mira a los ojos, aprieta fuerte cuando dan la mano y llama a las cosas por su nombre. Ciudad tan bella por dentro como por fuera.

Después de unos años fogueándose en la primera plantilla, Xabi se hizo el líder del conjunto txuri urdin, a los que a punto estuvo de guiar hasta el campeonato liguero, en un subcampeonato que todavía hoy le hace sangrar. Su golpeo exquisito y liderazgo no habían pasado desapercibidos para los grandes de Europa. Mucho se habló de un posible traspaso al Real Madrid pero aún no había llegado el día de mudarse al barrio de la alegría, y el surtidor de Kovacevic y Nihat, partía rumbo al Cavern Club, a lomos de su yegüa sombría, con un paragüas en el hatillo.

A Liverpool llegó con aspecto de joven castor, ataviado con levi´s y reebok classic, con ganas de empaparse de los valores de la Union Jack. El fútbol vasco es muy british pero aquí los árbitros no permiten que los equipos del norte terminen de explotar la ventaja competitiva que les otorga el RH. De este modo maduró el imberbe estilista, a base de choques y peleas por balones divididos. Mientras el diamante se pulía, y su barba se cerraba, le dio tiempo a ganar una Copa de Europa, en 2005, en la remontada más épica del fútbol moderno, y a jugar otra final de Champions. Curtido en mil batallas, bajo la lluvia industrial de Liverpool, el Beatle que llegó con timidez al escenario, salió de la fábrica convertido en un Rolling Stone de etiqueta negra a lomos de un pura sangre.

2009, el Real Madrid, en plena reconstrucción, luchaba con medidas anticíclicas –a base de talonario- ante el albor de la dinastía culé que les trajo su mesías. Para ello, Florentino Pérez regresó con su esmoquin de monopoly pero sin bigote, formando una orquesta de cromos. Entre ellos, Xabi Alonso, que venía para ejercer de lo que ya era, un todocampista. En su primer año, más sombras que luces. El año de Alonso fue bueno pero el equipo fracasó una vez más. Apeados a las primeras de cambio en Copa del Rey y Champions y lejos del Barcelona en Liga. Ese año Xabi fue campeón del mundo con España, formando una dupla colosal con Busquets.

Tras el mundial, el hombre del traje gris aterrizó en la posada del fracaso, para devolver, después de 8 años sin primavera, el mes de abril a la casa blanca. La conexión con Mourinho fue plena desde el primer momento. El Madrid volvió a estar entre los mejores de Europa y empezó a engrasar la máquina para lo que vendría en el año Mou 2.0, el año en el que se vio el fútbol más explosivo que se haya visto jamás. Xabi lo definió como Rock and Roll y el copyright es suyo. Yo denomino ese año de fútbol como una película de Scorsese cuya producción duró 9 meses de pura intensidad y la claqueta en manos de una barba cobriza. Xabi decía que Pim Pam Pum y que pasen cosas. El guipuchi se erigió en la pieza imprescindible de este engranaje y se coronó como el centrocampista más completo de la historia, siendo el mejor stopper a la par que el mejor creador. Capaz de parar el juego del Barcelona de Guardiola a base de tesón, inteligencia y, por qué no decirlo, cojones. Capaz de nutrir a un depredador con un hambre voraz, por aquel entonces.  El Madrid batió el récord de puntos y goles en liga, fue robado descaradamente en la copa del Rey y la diosa fortuna les apeó de la final de Champions en una fatídica y cruel tanda de penalties.

El año pasado, cerró el círculo con la consecución de la ansiada “Décima”, tras 12 años de sequía blanca en Europa, realizando una eliminatoria memorable contra el favoritísimo Bayern. En la final no pudo jugar por sanción, pero nunca olvidaremos su sprint desde la grada en el gol de Bale, y decían que era lento!!!

Han sido gloriosos sus años como merengue. Un auténtico camaleón en el campo. Superclase con el balón, Hannibal Lecter sin él. A Xabi lo imaginamos en el papel de galán de Madison Avenue, a lo Don Draper, o ese dandy millonario que Woody Allen expone en sus escenarios más elitistas, rodeado de jardines y su Scarlett Johansson de turno. Pero también lo imaginamos como el mercenario irlandés que luchó junto a William Wallace. Porque Xabi es la kokotxa y el chuletón de buey, es la alfombra verde de Hyde Park y el barrizal mas fangoso de la trinchera, según disponga la batalla. Un líder, capitán sin brazalete, porque él prefiere quedar fuera del foco.

Esto en el campo, porque fuera de él Xabi es aún mejor. Como decía en las primeras líneas, un futbolista anómalo. Una persona familiar y discreta, sin vanidades, formada en todos los ámbitos culturales, un grandísimo compañero y amigo. Cerrcano, sin dobleces, pero con ese hermetismo de tipo del norte, que tarda en dar un paso pero cuando lo da es con firmeza y para no retroceder. Ese carácter es el que le ha dado la solera para ser el timón en todos sus equipos.


El chaval que soñaba en la concha, se convirtió en lord británico y terminó siendo madrileño castizo. Nadie como él ha entendido la cultura de club.  Cuando nos hemos enterado de su marcha, nos ha dejado el corazón arrugado, como cuando Pereza se separó o algún personaje carismático de ficción muere en una serie y deja un vacío irremplazable. Con su marcha, el Madrid pierde mucho o casi todo de ese señorío del que tanto alardean, pero sus Adidas Copa Mundial -que el tío tiene clase hasta para eso- seguirán dando magisterio allá donde vaya, regando los campos de caviar y etiqueta con su fútbol gran reserva. Su legado es muy grande, no sólo futbolístico. La palabra Honor en el fútbol cobra sentido por Xabi Alonso.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Dorian Gray




Verano de 1995. El mundo en general, y España en particular, vivía en el Mesozoico de la comunicación. Intentar explicar twitter a un crío de aquella generación -la mía- sería un escenario similar al que se encuentra Marty McFly volando en patinete. El sofoco estival se combatía con agua de mar o piscina, con un denominador común, el primero en tener el Marca en sus manos era el capo del lugar. Porque la vida tenía esas pequeñas grandes emociones. Ver una portada de Marca de Luis Infante Bravo o abrir un paquete de cromos era una sensación veraniega inenarrable.

El verano al que hago referencia, 1995, Valdano comenzaba su segunda temporada en el club de Concha Espina y las portadas de Marca apuntaban a un espigado argentino de largo recorrido que podría ocupar varias posiciones, aunque destacaba como carrilero. La directiva y Valdano, todo un lumbreras en materia de fichajes, decidieron fichar a Freddy Rincón y Juan Eduardo Esnáider, desestimando al espigado argentino. Ese argentino era Javier Zanetti, que vio truncado su sueño de vestir de blanco para terminar recalando en el Inter de Milán.

El Inter, un club sesentero en decadencia absoluta, fichaba con Zanetti al jugador más importante de toda su historia. No el mejor, pero sí el más importante. En sus primeros años, Zanetti comenzó a dar muestras de su potencial. Aunaba la sobriedad táctica de un lateral italiano en defensa y la capacidad ofensiva de un lateral brasileño en ataque. Sus condiciones físicas aún le hacen ser un lateral moderno, imagínense el impacto que supuso en los 90.

Pese a su gran rendimiento, el palmarés de Javier en su primera década en el fútbol europeo no fue muy copioso. Una copa de la UEFA (1998) con el Inter y una plata en los JJOO de 1996 con Argentina fue su lacónico bagaje. En la albiceleste también ha hecho historia –récord de internacionalidades- pero le quedará la espina de no ser convocado en los mundiales de 2006 y 2010, mundiales en los que a los argentinos les faltó mucho de eso que aporta Zanetti: Compañerismo, liderazgo, pundonor, raza. Este errante trayecto no hizo desistir al argentino, que seguía esparciendo la simiente. Con trabajo y paciencia llegaría la hora de cosechar.

2005 es el punto de partida. Una copa y una supercopa interista y el Calciopoli –caso de corrupción que salpicó a equipos como Fiorentina, AC Milan y, sobre todo, Juventus- dieron el pistoletazo a una nueva dinastía del Inter, una de las más prolíficas en la historia de la squadra nerazurra. 5 ligas, 4 copas, 4 supercopas, 1 Champions League y un mundialito de clubes en 5 años. Especialmente placentera fue la temporada que cerró el círculo, la 2009-2010, año en que el Inter, de la mano de José Mourinho, consiguió alzar Liga, Copa y Champions en lo que fue la mejor temporada de su historia. En la etapa del portugués, Zanetti fue el comodín del equipo, siendo utilizado en múltiples posiciones, debido a su polivalencia.
Y es que Zanetti, para los entrenadores, es el yerno perfecto en el terreno de juego. Es el chico que comenzó repartiendo periódicos, en bicicleta, para ganar unos dólares, que se ha convertido en ese padre de familia, que lleva a los niños al cole y les recoge después de trabajar, riega el jardín, pasea a los perros y prepara la barbacoa del domingo mientras sube al tejado a arreglar la antena. El chico de los recados de los comienzos supo esperar su momento y, ahora, es el padre sobre el que se sustenta la familia interista. Recuerdo una entrevista en la que Sergio Scariolo, fiel seguidor neroazurro, contaba como su hijo quería poner Eto´o o Sneijder a la camiseta del Inter pero él le obligó a serigrafiarla con el 4 de Zanetti mientras le decía “cuando seas mayor, lo entenderás”.
La marcha de Mourinho trajo consigo la debacle. Desde entonces, el Inter vive en depresión permanente, hasta el punto de quedar fuera de Europa para la temporada que viene. A lo que hay que sumar la peor de las noticias, la grave lesión del capitán en el tendón de Aquiles. Mucho eco ha tenido la posibilidad de su retirada pero los que seguimos y admiramos a Zanetti sabemos que seguirá dándole la vuelta a su inagotable reloj de arena, una y otra vez, y el cuadro, en el que su rostro va envejeciendo, seguirá escondido en el lúgubre desván, detrás de un espejo decrépito lleno de telarañas. Dentro de 5 meses, Zanetti cumplirá 40 años, espero que entonces la lesión no haya sido más que otro obstáculo en el camino del chico que repartía periódicos y continúe, al menos, una temporada más siendo nuestro Dorian Gray particular. Porque la lealtad de estos jugadores son los cimientos sobre los que se construyen los grandes equipos y a los nostálgicos, además, nos evocan a ese Mesozoico de la comunicación, a ese fútbol de barrio y de cromos, a esos Del Piero, Raúl, Giggs… Porque este Inter, cerrado por derribo, exige un corazón inquebrantable, sin arrugas, como el de este viejo Peter Pan, preparato per tutto, que diría su alma mater en los banquillos.


lunes, 14 de marzo de 2011

El curioso caso de Sergio Canales

Sergio Canales aterrizó en Madrid el pasado verano con el aval de una gran temporada en Santander y un mejor europeo sub-19 con España. Comenzó la pretemporada muy fuerte, venía en forma del europeo y tal vez por eso destacaba sobre los demás, que acusaban las vacaciones estivales. Parecía que iba a ser de los fijos en la rotación de Mourinho. Pero estamos en marzo y la aportación ha brillado por su ausencia.

Las expectativas creadas sobre él eran y son desorbitantes. Sólo verle caminar despierta en nuestra memoria pasajes de la elegancia y la excelsa calidad de la mejor pierna izquierda de nuestro fútbol, la de José María Gutiérrez, Guti. Cuanto toca en corto, cuando controla, cuando otea el horizonte para trazar un cambio de orientación, cuando protege el balón con el cuerpo tocándolo únicamente con ese guante que llevan por pie izquierdo... La torería de ambos en el verde es idéntica.

Hasta ahí todo bien, lo malo es la cara B. Y hasta ahora parece que Canales también está desarrollando ese Mr Hyde que llevaba Guti en sus entrañas. Entre las muchas virtudes de Guti también había numerosos vicios. Vicios que le privaron de formar parte del olimpo de su generación. Estos vicios son muy reconocibles tanto por detractores como por devotos. Esa indolencia cuando no le apetecía jugar porque hacía frío o llovía, esa forma de calentar sin ganas cuando partía desde el banquillo, esa manera de borrarse de partidos importantes, esas autoexpulsiones que han hecho tanto daño al equipo blanco... y lo que no vemos en los entrenamientos. De Sergio se vislumbran varios de esos vicios, uno de ellos la desgana con la que se mueve por el campo cuando debería devorar el césped en los pocos minutos de los que goza. Parece que en los entrenamientos tampoco es de los que más trabaja, de ahí lo poco que está contando Mourinho con él.

Es como si Guti estuviera rejuveneciendo, emulando a Brad Pitt en "El curioso caso de Benjamin Button", y se ha convertido en Sergio Canales. Esperemos que Sergio sepa aprovechar la oportunidad que se le brinda y no se convierta en otro caso de talento malgastado como su alter ego. Sería muy triste que la historia se repitiera y Canales se convirtiera en otro torero artista, de esos que nos emocionan cuando están inspirados y nos irritan cuando se dejan el duende en casa. En sus botas y en las de Özil está el futuro del juego del Madrid en los próximos años. Tiene todo para triunfar: talento, juventud y el mejor entrenador del mundo. En sus manos está hacer historia o tener una carrera de luces y sombras como su antecesor. Yo tengo fe en que la sensación de deja vu no nos torture con este genio.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Riff de Jimmy Hendrix en el Bernabéu

Hace más de tres años que "Aproximaciones" de Pereza vio la luz y en él se incluía una pieza magistral que no ha tenido mucha repercusión mediática. La canción se titula "Huracán" y hablan de un amigo carismático, con estrella, que "bailaba con todo lo prohibido". No sabemos si se convirtió en el "Jimmy Hendrix de prosperidad" que relataba la canción pero nuestro protagonista de la jornada, otro huracán, lo está consiguiendo día a día.

Jimmy Hendrix es un mito. A pesar de su corta trayectoria -murió a los veintisiete años- es considerado como el mejor guitarrista de la historia de manera unánime por todos los expertos. No hace falta ser un melómano para saber quien es Jimmy Hendrix pero sí para conocer las bandas para las que tocaba. Algo similar parece pasarle a Cristiano Ronaldo. Anoche acarició las cuerdas de su Fender para deleitarnos con otro solo de guitarra, para regocijo de los aficionados madridistas, que comenzaban a impacientarse por la inoperancia del resto de músicos.

El juego del Madrid fue totalmente estéril en la primera parte. Sólo una aparición de Khedira sorprendiendo desde atrás pareció inquietar al angustiado meta valencianista. En la segunda mitad el equipo blanco lo intentó con más intensidad pero seguía sin hacer daño al ordenado equipo che. La expulsión de Albelda -de profesión, profesional- debilitó la estructura militar de Emery. La expulsión fue injusta pero se equivocó de igual manera para ambos bandos. Deleznable actuación de Pérez Lasa como siempre, el eterno aprendiz de Iturralde. Igual de malo dentro y fuera del campo.
Quedaba poco y el Madrid seguía sin encontrar el camino hasta que un balón cayó en el espectro Özil, que por fin apareció para servirle un balón en bandeja de plata a Cristiano y comenzó el rock & roll. Lo de Özil empieza a ser preocupante. No estaría de más que realizara pases como el de ayer con mas asiduidad para quitarse la etiqueta de Guti que le he colocado. Quizá entonces dejaré de poner Özil en gris. Porque así es ahora: gris, intermitente y endeble.

El segundo llegó tras una exhibición de fuerza de Lass que vuelve a ser gaLASStico por momentos. Si Mourinho le doma puede dar un rendimiento excelso a los blancos. Se adentró en la línea enemiga como si fuera un jugador de rugby, nadie pudo placarle. Le dio el balón a Cristiano y no le acompañó en la jugada, sabiendo que el portugués era capaz de tocar los acordes oportunos sin ayuda de nadie. Sólo quedaba un soldado valencianista en pie, demasiado fácil para terminator, que volvió a quitarse la piel para encararle y aniquilar la meta che. Al igual que el traficante de la canción de Pereza, CR7 siempre sigue de pie, puede con más y como un guante sale a vacilar.

Jimmy Hendrix hizo su trabajo pero sus compañeros no le acompañaron. Mientras, los Rolling Stones dieron otra lección de rock and roll colectivo en un ambiente hostil y un terreno de juego complicado para la elaboración de su juego. El campo estaba helado pero ahí estaba Busquets, el "quitanieves de Badía", para comenzar la cadena de montaje. Si Villa hubiera estado más afortunado de cara a puerta le podían haber caído otros cinco a los rojillos. Aún así los goles de Pedro y Mick Jagger fueron más que suficientes para los Rolling.

Un hombre de acero contra un imperio, así está la cosa.


http://www.youtube.com/watch?v=Z8sWnx03ycs&playnext=1&list=PL5F2AA936EAD05EB5&index=42


lunes, 22 de noviembre de 2010

El villano y el héroe

    Se acerca el clásico y me invade la sensación de que esta situación ya la he vivido en mi infancia. Corría el año 91 y los 9 años de socialismo comenzaban a pasar factura en nuestra tasa de desempleo. Eran tiempos de socialismo y barcelonismo, como ahora. El fútbol arte de Johan Cruyff comenzaba a dar sus frutos y maravillaba a todo el mundo. Malos tiempos para ser un madridista de 8 años.
Otra semejanza es el cambio en el mundo de la comunicación. Hoy vivimos la revolución digital terrestre y numerosas cadenas invaden nuestro terminal. En aquellos años se vivió otro cambio significativo en este aspecto, aparecieron las televisiones privadas y con ellas emergía una nueva era. Muchos recordamos con nostalgia los programas y dibujos animados de la época. El método a seguir por mi generación en aquel fin de curso del 91 era hacer los deberes, ir a jugar un rato y volver corriendo a casa porque había que ver Óliver y Benji, degustando un bocata de nocilla. Lo de jugar en la calle y el bocata de nocilla ya no se estila, ahora los niños toman nutella y juegan a la play. Y los jugadores que hacen fantasías con el balón ya no son animaciones, son de carne y hueso.

El "Óliver de carne y hueso" no llega al metro setenta pero no necesita un capítulo entero para cruzar el campo con el esférico. Corre a una velocidad endiablada. Cuando recibe en tres cuartos de cancha de cara a la portería, los rivales saben que están perdidos. La única opción parece pararle en falta pero los defensas también suelen llegar tarde a esto. Con espacios es infalible, sin espacios es arte. Se asocia como nadie entre una maraña de contrarios, driblings imposibles, cambios de ritmo vertiginosos en un palmo de terreno... Es la magia, es el balón cosido a la bota. Es Leo Messi, al que su perfil afable y retraído le otorga el galardón de "Óliver Aton".

    Mark Lenders era un tío arrogante con muy malas pulgas, tez morena agitanada, ascendencia humilde y una fuerza brutal. Su famoso "tiro del tigre" doblaba los dedos de los porteros como le pasó anoche a Gorka Iraizoz. Nunca se valoraba lo bueno que era Mark. Quizá esa chulería desmesurada le hacía perder el pulso con Óliver Aton. En este caso no puedo decir que Cristiano Ronaldo es "Mark Lenders de carne y hueso" porque dudo mucho que Cristiano sea de carne y hueso. Es el ciborg CR-7, programado para destrozar las redes rivales. Es terminator cuando se le cae la piel, la destreza, la eficacia, la potencia... Es Darth Vader, el lado oscuro de la fuerza.

Estos dos marcianos tienen la suerte y la desgracia de ser contemporáneos. La exigencia por ser el mejor del mundo y de la historia se acrecenta día a día. Son como Nadal y Federer, Lebron y Kobe, los Rolling y los Beatles, El Padrino I y el Padrino II... son el eterno debate. La existencia de uno hace mejor al otro y viceversa.
Para gustos los colores. Messi es la opción políticamente correcta. Pero los que tuvimos a Hugo Sánchez y Hristo Stoichkov como primeros ídolos seguiremos empatizando con estos villanos. Mark Lenders, Fénix (los caballeros del zodiaco), Vegeta (bola de dragón), Michael Corleone, Tony Soprano,... son algunos de esos villanos carismáticos de los que me siento fiel devoto. El ciborg CR-7 aúna todos los vicios y virtudes de los anteriormente mencionados y el próximo 29-N tiene una gran oportunidad de cambiar el destino de los tiranos.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Talento malgastado


    Cuando hablamos de José María Gutiérrez Hernández hablamos de una persona poliédrica.
En sus comienzos fue J.M. Guti, apenas podía leerse en su dorsal, tapado por la prominente melena rubia que lucía el 14 en su adolescencia. En esa época ni siquiera llevaba el 14, simplemente era el 26. Un dorsal reservado a los chavales que toman la alternativa. Fue Jorge Valdano el que se la dio, pero cualquiera habría hecho lo mismo en su lugar.  Verle correr por el campo es como ver a Morante haciendo el paseíllo en la Maestranza en una soleada tarde de Abril. Curiosamente Morante es el alter ego de Guti trasladado al toreo. Capaces de levantar de la butaca al más sosegado de los espectadores. Lo malo de esto es que si nos pusiéramos a contar, el número de veces que se levantan para ovacionarles es proporcional a las veces que lo hacen para insultarles por su desidia. Nunca dejan indiferente a nadie.

    Pasaron los años y Guti seguía progresando, fortaleciendo su físico. Su pierna izquierda no mejoró nunca, porque había tocado techo la primera vez que tocó un balón, nació con ese don. Guti se hacía mayor y cambió de dorsal, el 26 de su espalda le correspondía a un canterano, él ya era uno más de la primera plantilla. Eligió el 14, dorsal mediático. No era un fijo pero cada vez jugaba más minutos y el pensamiento era unánime: "si le dan confianza será el mejor". Pero seguía sin llegar ese entrenador que se atreviera a darle continuidad. Tras años caóticos y cambios de entrenador, llegó Del Bosque y J.M. Guti pasó a ser Guti H.

     Ahora sí!, debió pensar el rubio. Del Bosque le conocía desde pequeñito, era conocedor del esfuerzo que el chaval y su familia habían hecho para que vistiera esa camiseta. Vicente había sido un padre para él. Concretamente había sido como ese padre que está encima de su hijo constantemente para que no escoja los caminos equivocados. La relación entre ambos me recuerda a la que mantenía Robert de Niro con su hijo en la ficción en Una historia del Bronx, en el debut de De Niro como director. En ella, Lorenzo (Robert de Niro) era un humilde conductor de autobús que no paraba de decirle a su hijo "Calogero, no hay nada peor que el talento malgastado, no lo ovides nunca". Cada vez que su hijo se metía en un lío, ahí estaba su padre para recordárselo. Del Bosque quiso emular a ese humilde conductor de autobús pero Guti nunca dejó de ser ese niño problemático que malgastaba su talento.

    A las órdenes del salmantino tuvo un año especialmente bueno en el que el torrejonero se reinventó por una plaga de lesiones, erigiéndose en un gran "9" y aportando 14 goles en liga. Ese año volvió a despertar a los gutistas -entre los que militaba un servidor por aquel entonces- y todo apuntaba a su explosión definitiva. Pero todo quedó en agua de borrajas y Guti volvió a la irregularidad. Pasó de puntillas por la era galáctica, alternando geniales actuaciones -una especialmente en el Olímpico de Roma- con autoexpulsiones en partidos importantes. Pasaban los años y hablar del 14 era generar debate. División de opiniones.

     En la selección ni siquiera tuvo la opción de emocionar o irritar al respetable. Ningún seleccionador confió en él. 13 veces vistió la rojigualda, una cifra paupérrima teniendo en cuenta la calidad que atesoran sus botas. Esta es una de las espinas de Guti. Él no se arrepiente de nada de lo hecho en el campo pero no haber estado en ninguna cita importante con la selección es una losa que siempre irá con él.

     En sus últimos años Guti H. pasó a ser Guti Haz -en honor a sus hijos Aitor y Zaira- y la experiencia pareció darle algo de madurez en partidos importantes, al menos en la competición doméstica. Tuvo brillantes actuaciones en partidos decisivos en las ligas de Capello y de Schuster. Ligas en las que Raúl, Guti y Van Nistelrooy fueron suficientes para ganar a un Barça muy superior sobre el papel. El nivel físico que exigían las eliminatorias europeas dejaba constancia de las carencias del 14, su indisciplina no le permitía estar preparado para esas citas. Además ¿para qué pasar eliminatoria pudiendo tener los miércoles libres para salir a tomar unos "refrescos"?

      Han sido muchos años de luces y sombras. Algunos dicen que es el mejor, otros que es un sinvergüenza. Yo estoy de acuerdo con los dos. He cambiado del gutismo al antigutismo como de camisa. Su trayectoria no atiende a la razón humana. Como amante del fútbol estoy muy agradecido por esos detalles únicos pero también muy decepcionado por su falta de ambición y por habernos privado de muchas noches de gloria tanto en el Madrid como en la selección. Ha sido J.M Guti, Guti H., Guti Haz..... pero siempre será el "maestro Gutiérrez", el mayor talento malgastado sobre un campo de fútbol.